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LA GRAN HAZAÑA DE JUAN IGNACIO POMBO.

La empresa de Juan Ignacio ha proyectado, aparte de su indudable mérito aeronáutico -nadie hasta entonces había cruzado el inmenso Atlántico en un avión tan pequeño y de tan reducida potencia de motor, ni nadie lo ha vuelto a hacer- es reveladora de una audacia y una voluntad de recio temple cántabro, a prueba de obstáculos y dificultades, insólitas a la edad de veintidós años.

Juan Pombo en el centro, flanqueado por sus hijos Teodosio, a la izquierda, y Juan Ignacio, a la derecha, quien este ultimo en el año 1935 realizaría la gran hazaña, cuando ejercen como profesores de la Escuela de Pilotos Estremera (1930-31)

No tiene Juan Ignacio que vencer la resistencia de sus familiares para afrontar la aventura, no en vano es hijo y hermano de aviadores, pero ha de resolver un problema de gran envergadura: la financiación del vuelo. Nuestra patria atraviesa un momento de honda crisis económica nada apropiada para conseguir la cantidad necesaria que, sin ser una cifra exagerada, se sale del alcance de la fortuna familiar de los Pombo que ya no son aquellos potentados que alojaban reyes en su casa. Pero Juan Ignacio ha decidido cruzar el Atlántico en vuelo, y está dispuesto a conseguir los medios para llevar adelante su propósito.

La elección del punto final de su vuelo no ofrece demasiadas dudas a Pombo; aparte de que razones personales le atraen hacia Méjico, el estar todavía reciente -dos años escasos- el malogrado vuelo de Barberán y Collar en el "Cuatro Vientos" que, tras triunfar en la hazaña de cruzar el Atlántico por su parte mas ancha y de Este a Oeste, de Sevilla a Camgüey, desapareciendo en circunstancias más que misteriosas entre la última ciudad y Méjico, hace que la colonia española en la capital mejicana esté ansiosa por recibir la visita de aviadores españoles. Juan Ignacio decide que el final de su viaje sea la antigua Tenoxtitlan; el lugar de partida no puede ser otro que la capital de la Montaña. En una entrevista que para "La voz de Cantabria" le hace Noriega en la clínica de Romero Raizábal, dice Juan Ignacio que no trata de batir ningún récord, sino de "poner un lazo de unión y afectos entre el alma española y el espíritu de los países ibero americanos". -Y añade- "Deseo salir de Santander porque soy montañés, y mi ilusión es que cuando el zumbido del motor obligue a levantar la vista a lo alto, durante mi travesía por esos mundos, el pensamiento se remonte y venga aquí, a nuestra ciudad de Cantabria". El vuelo será, por consiguiente, de Santander a Méjico, recorrerá una distancia de unos 15.350 kilómetros y empleará 73 horas de vuelo.

El avión elegido es -como desde el primer momento Pombo a decidido- el "British Aircraft Eagle" que en su versión de serie es un monoplano de ala baja cantilever, construido de madera contrapeada, salvo las superficies móviles que van revestidas de tela. La Cabina, cerrada, amplia y de gran visibilidad, tiene capacidad para tres personas y un departamento para equipajes. Está dotado de doble mando, y el tren de aterrizaje es retráctil y se opera con una manivela, quedando las ruedas totalmente escondidas dentro de las alas.

No va dotada la avioneta de piloto automático ni de equipo de radio, como tampoco de paracaídas ni chaleco salvavidas.

Por decisión de Juan Ignacio, es pintada de blanco y rojo -los colores heráldicos de Cantabria- y llevará escrito sobre el capot, a ambos lados, en letras blancas: SANTANDER, que es el nombre que pone esté montañés a su frágil y aligera cabalgadura. En el fuselaje lleva impresa la matrícula oficial: EC-CBB, y un poco más arriba, y por iniciativa de Enrique Mowinckel, se escribirá: "Costa esmeralda de España", nombre que dio "Pick" al trozo de litoral comprendido entre Santander y Castro Urdiales.

El sábado , 11 de mayo, don José Eguino, obispo de la Diócesis, bendice solemnemente a la "Santander" y al crucifijo que el Tennis ha regalado a Juan Ignacio para que le proteja en su aventura. La partida queda decidida para el día siguiente.

Aún no ha iniciado su vuelo y ya es cantado Pombo por sus paisanos: Jesús Cancio escribe "El poema de Juan Ignacio Pombo" y Fernando Miguel Noriega compone la música y letra del himno "Gesta Magna", en su honor. No es exagerado decir que el aviador montañés se encuentra en olor de multitudes.

Se organiza un servicio de automóviles que saldrá del Bar Suizo, para la Albericia, a las diez y cuarto del domingo 12 de mayo.

Y llega el 12 de mayo de 1935. La Albericia esta encharcado por los fuertes aguaceros caídos en días anteriores. LLega Juan Ignacio al aeródromo dispuesto a dar comienzo a las aventura de sus sueños. Su aspecto es tranquilo, se le ve dueño de sus emociones y seguro del éxito de su empresa. Allí están, para despedirle, el elegante coronel Prats, jefe del Regimiento de Valencia, que no esquiva el barro que mancha sus siempre lustrosas botas; el distinguido Presidente de la Diputación , con su aire deportista; el Alcalde de la capital, con su boina de honrado artesano; don José Riestra, cónsul de Méjico, cubierto con un sombrero de anchas alas que recuerda los de los charros tapatíos; y , con las autoridades, una muchedumbre de montañeses que van a despedir a su héroe y a desearle un feliz vuelo.

Es sacada la "Santander" del modesto barracón, en medio de una gran ovación. Don Juan Pombo, el veterano piloto creador de una dinastía de aviadores, asiste sereno a la despedida; Juan Ignacio le abraza después de haberse despedido de las autoridades y amigos. Sube a la avioneta y, antes de entrar en la cabían, de pie sobre el ala, lanza tres vivas: a Santander, a Méjico y a España, que son entusiásticamente contestados por todos los allí presentes. Hace una señal al mecánico y pone el motor en marcha, y tras unos minutos del calentamiento del motor, inicia el rodaje.

Se dirige la "Santander" al extremo Este del aeródromo, se aproa al viento y, tras una corta carrera de despegue, abandona con suavidad la tierra; da dos vueltas sobre el campo, y se lanza a dar una pasada sobre las cabezas de la multitud que enfervorizada, le aclama, mientras cientos de pañuelos se agitan en el aire estremecido por el motor de la "Santander" y por el latir de los corazones de todos los montañeses que quieren acompañar a Juan Ignacio, al aviador cántabro, en su aventura.

Se despide Pombo con un grácil alabeo de la "Santander", y en vuelo rasante se dirige a Solares para cumplir su promesa de arrojar flores de arrojar flores sobre la tumba de don Ramón Pelayo, primer marques de Valdecilla. Cumplido este piadoso deber, marcha a Laredo y toma tierra en la playa de la Salvé, en la que tantas veces se posara, y cuya arena quiere besar con las ruedas de la "Santander" para llevar a Méjico esta simbólica caricia. Despega para dirigirse a Madrid, pero una espesa barrera de nubes le cierra el paso, impidiéndole franquear la cordillera para pasar a Castilla, viéndose forzado a regresar a al Albericia, en espera de que despeje el cielo.

Antes de amanecer el día 16, acompañado por el jefe del aeródromo, teniente coronel Ferreiro, por varios oficiales y amigos y por Haya, Guinea y Teodosio, se dirige Juan Ignacio a la "Santander", de despide de todos, sube a la cabina y pone el motor en marcha. A las cinco cincuenta y cinco despega y pone proa al Estrecho con el propósito de llegar a Villa Cisneros. Vuela con buen tiempo sobre la risuña campiña andaluza, disfrutando de la diafanidad del aiere, sereno a esas horas de la mañana; todo parece augurar un vuelo sin complicaciones a lo largo de la costa africana, hasta Bathurt, pero cuando lleva una hora de vuelo, llegando a Larache, unos nubarrones en el horizonte le hacen barruntar que el tiempo no va ser tan bueno como se esperaba; en efecto: poco después encuentra nubes bajas y chubascos que le obligan a efectuar diferentes cambios de nivel, hasta que , a la altura de Casablanca, un fuerte viento de costado le hace presentir una tormenta de arena, ante lo que Juan Ignacio, preocupado por no forzar el motora al que le espera la ruda prueba del santo del Atlántico. Se traza el plan de efectuar etapas cortas, y se dirige a tomar tierra en Agadir; allí los franceses le dan toda clase de facilidades y le recomiendan -a la vista de la meteorología existente en la costa- que efectué el vuelo por encima de la capa de nubes.

Pombo considera temerario ir directamente a Villa Cisneros, toma la decisión de dirigirse a Ifni a pasar allí la noche. En Side Ifni encuentra a un montañés de jefe de aeródromo, el teniente Alfredo Arija, que, tras ocuparse de que la avioneta quede a cubierto de todo contacto con el peligroso polvo en suspensión, que tanto daño puede hacer al motor, atiende con todo cariño a su paisano y le brinda la tradicional hospitalidad de los aviadores españoles, en el pabellón de oficiales del aeródromo.

El 17 despega Pombo con media carga de gasolina, con el propósito de aprovisionarse en Cabo Juby y cubrir desde allí la etapa directa hasta Bathurst. Reposta en Cabo Juby y despega inmediatamente, pero al pasar sobre Villa Cisneros desciende para dar una pasada al fuerte, y son tantos y tan expresivos los saludos y demostraciones que desde el suelo le hacen, que decide tomar tierra; le reciben con vítores y abrazos y le conducen al pabellón del Comandante donde le obsequian con un rápido y poco protocolario, aunque muy cordial almuerzo. Despega tras permanecer en el suelo poco más de una hora, y trata de recuperar el tiempo perdido, pero el calor sofocante, y las ráfagas de arena que el "iriffi" -viento del desierto- hace alcanzar unas alturas muy considerables, le aconsejan tomar tierra en Port Etienne para revisar y limpiar el motor, ya que cualquier rozamiento, o arena en los filtros, podrían hacer fracasar el salto del Atlántico.

Estando en Port Etienne terminando de revisar el motor, con la ayuda de un mecánico francés, llega un teniente español en un coche, a buscar a Juan Ignacio para que pase la noche en el fuerte español de la Agüera, que dista 20 kilómetros.

Despega Pombo a las ocho y media de la mañana del día 18, con destino a Bathurt, pero una rápida subida de temperatura del motor le obliga a tomar tierra en San Luis de Senegal, de donde, una vez solventada la dificultad, despega a las trece treinta, llegando a la hora y media de vuelo a Bathurt.

En Bathurt se encuentra el capitán de la aviación militar española, José Servet, que expresamente ha ido para prestar al aviador montañés cuanta ayuda necesite. El día 19 se repasa el avión y el motor, cambiando el aceite a éste y cargándole a tope de gasolina para el salto del Atlántico. Acompañado de Servet y del personal alemán de la "Lufthansa" que le atiende solícitamente y le proporciona alojamiento, va Juan Ignacio al buque-escala "Schwabenland" donde los meteorólogos alemanes le ponen al corriente del estado del tiempo. Dispone también la empresa alemana, que se hagan a la mar, horas antes de la salida del aviador español, este barco, mientras que el otro buque-escala de la compañía, el "Westfalen", lo haga de sus base de Fernando de Noronha, saliendo al encuentro de la "Santander". De esta manera, durante el vuelo, habrá dos puntos de apoyo situados, respectivamente, a 300 millas de África y a 500 de la isla de Fernando de Noronha; apoyo más moral que material, al no disponer la "Santander" de equipo de radio con el que poder informar de algún posible percance.

Dado que tampoco dispone Juan Ignacio de radiogoniómetro ni de instrumentos para la navegación astronómica, ha de preparar la travesía del Océano navegando a la estima para lo que, ayudado por el capitán Servet -destacado navegante aeronáutico- tras un detallado estudio del cuadro de marcha de la "Santander" y de los vientos reinantes a lo largo de la ruta, determinan la derrota a seguir, manteniendo tres rumbos sucesivos que corresponden a la corrección de las derivas ocasionadas por los alisios en los tramos primero y tercero de la travesía.

En sevilla, el teniente médico de Tablada ha facilitado a Juan Ignacio un plan médico que le facilitará el resistir las largas horas de travesía, y al él se ajusta el aviador.

LA PROEZA:

Y llega el momento cumbre. La víspera, se retira a descansar al mediodía; duerme tranquilo como si "aquello" que va a afrontar dentro de unas horas esté dentro de lo normal y rutinario. A las nueve de la noche es despertado -como el había dispuesto- y, tras darse un baño tibio, se retira a escribir unas cartas para que sean enviadas si no logra salir con vida de la empresa; toma luego una ligera comida y se dirige al lugar donde está ya dispuesta la "Santander" cuya silueta, destacada por las luces del aparcamiento, parece levantar agresivamente el morro en actitud de desafío al inmenso Atlántico que se oculta en la negrura de la noche.

Juan Ignacio se dirige al avión, le da una vuelta alrededor, efectuando una última revisión, se despide con un abrazo del capitán Servet y del no muy numeroso grupo que ha trasnochado para despedirle, y entre cuyas caras se adivina la inquietud por la suerte del bravo español, y sube a la cabina, saluda con la mano y pone el motor en marcha.

Tras unos minutos de calentamiento del motor, hace seña de que le quiten los calzos, saluda de nuevo y rueda despacio hacia la línea de luces que señala la dirección de despegue; sitúa a la "Santander" paralela a ella y a la derecha, se encomienda a la Bien Aparecida y va metido gases suavemente.

Comienza la carrera de despegue la pequeña avioneta, y va ganando velocidad gradualmente; el motor ruge con toda su pequeña potencia; en la cabina no hay más luz que la tenue, azulada, que ilumina el tablero de instrumentos. Las luces de pista van pasando por la izquierda, más rápidas cada vez, mientras la avioneta trepida al pasar las ruedas sobre las pequeñas irregularidades del terreno. Juan Ignacio piensa que tarda en embarse el avión, y tiene la sensación de que va acabándose la pista sin que aquél adquiera velocidad suficiente para irse al aire. Nunca ha despegado ocn tanto peso en un aparato tan pequeño. Las luces pasan ya más rápidas, van disminuyendo las trepitaciones al ir dejando las ruedas de apoyarse en el suelo. Un ligero tirón de la palanca, y la "Santander" está en el aire. Pasan raudas las últimas luces de la pista, alejándose y tomando -por mor de la velocidad- forma alargada. De pronto, no ve otra cosa Juan Ignacio, que la negrura de la noche bajo sus pies. Esconde el tren de aterrizaje, da una vuelta sobre el campo mientras gana altura, y se aproa al inmenso Atlántico tomando el rumbo previsto para el primer tramo. Con el corazón saltándole en el pecho, lleno de ilusión, comienza la gran aventura.

Cuando lleva poco más de una hora de vuelo, ve allá abajo las luces de un barco, y la visión le proporciona una sensación de bienestar; piensa que también los marinos le ven a él, y esto anula la impresión de soledad que empezaba a sentir. El suave y firme ronroneo del motor le parece a Juan Ignacio una canción triunfal cantada a coro por los 130 caballos dirigidos por su propio corazón. Va en todo momento pendiente del reloj y del consumo de combustible, cálculo que se ve facilitado por el hecho de ser independientes los cinco depósitos.

Van transcurridas tres horas de vuelo cuando empiezan a surgir las primeras dificultades, al verse en vuelto el frágil aparato por los primeros chubascos de una tormenta que hace bailar a la "Santander". Gruesas gotas de lluvia tambolirean en la cabina. El piloto no pierde la serenidad, y va buscando la altura más idónea para evitar los efectos de la tormenta, sin lograr esquivarla; no puede tratar de rodearla, pues, sobre no saber la extensión que tiene, es tan escaso el margen de combustible que, si se apartara de la ruta, correría el riesgo de no llegar a la costa americana. Se ve obligado a descender, y encuentra que a cincuenta metros de la superficie de las olas, la turbulencia es menor, aunque volar a esa altura le exige una mayor atención a los mando, con la consiguiente fatiga.

Al amanecer, Juan Ignacio es testigo de un impresionante espectáculo; grandes barreras de nubes negras, espesas, cubren el horizonte; de ellas se desprenden chubascos intermitentes que forman como columnas de enormes arcos de una fantástica catedral. Está cruzando la "Santander" la zona de grandes perturbaciones atmosféricas producidas al formarse una profunda depresión, al chocar las diferentes presiones de los alisios y contraalisios; es lo que los franceses llaman "le pot au noir", que constituye una fuente permanente de tormentas.

A propósito de estas horas largas, duras, en lucha con la tormenta para mantener el rumbo sin que la frágil "Santander" quedara destrozada, dice Juan Ignacio:

 

"En esos momentos hice las consideraciones sobre la satisfacción de mis creencias y de la grandeza de Dios. Pensé en mis padres, en mis hermanos, en España y en mí. Viviendo con intensidad dramática estos recuerdos, sostuve la lucha hasta que amainado el viento encontré los normales alisios, y poco a poco, con la mirada clavada en el reloj, y a pesar del exceso de gasto del combustible, por impedirme los vientos la marcha normal, pude encontrar el optimismo dentro de mi espíritu, preparado siempre a toda eventualidad, pero tranquilo y sereno en el puesto de mando".

Ya, hacia el centro del día, cruzando el ecuador, resulta triunfante el son en su lucha con los nubarrones. Llevan Juan Ignacio y la "Santander" catorce horas de vuelo ininterrumpidas en sus fatigados organismos, cuando el piloto divisa una línea oscura sobre el horizonte, duda al principio si será o solamente se tratará de una ilusión óptica, pero no tarda en poder identificarla como la isla de Fernando de Noronha, experimentando la gran alegría que le produce saber que no se ha desviado, y que, pese a la tormenta que ha decidedo cruzar, las correcciones hechas al rumbo en los puntos previstos, han resultado de una exactitud matemática.

Aligerada la "Santander" de combustible, marcha ahora a una velocidad algo por encima de los 200 kilómetros a la hora, acercándose a la costa brasileña cuyos perfiles se van destacando a mayor precisión a cada minuto que pasa. El combustible remanente es muy escaso, pero el ansia de llegar de Pombo, le hace despreciar esta preocupación.

Por fin, sobre la tierra , avistado Natal, la "Santander" se lanza como una flecha sobre el aeródromo. Surge una dificultad: el tren de aterrizaje, agarrotado, presenta resistencia a desplegarse; Juan Ignacio somete al avión a unos bruscos alabeos y tirones, con lo que el problema se resuelve, y las ruedas de la "Santander" tocan la tierra americana, llevándola al beso que recibieron de la arena de la playa de la Salvé, en Laredo.

Son en Natal las cuatro y quince de la tarde -la una y cuarto en Madrid- del 21 de mayo de 1935. Juan Ignacio Pombo y la avioneta"Santander", acaban de cruzar el Atlántico Sur, en un vuelo de dieciséis horas y cuarenta minutos. Han recorrido 3.160 Kilómetros sobre el mar, la más larga distancia cubierta hasta entonces por un avión ligero, marca que no ha sido aún hoy, más de cuarenta años pasados, (esto teniendo en cuenta que este articulo fue escrito en 1985) superada ni siquiera igualada.

Al tomar tierra en el aeródromo de Natal, quedan en los depósitos del bravo avioncillo, diecisiete litros de gasolina!: combustible para veinticuatro minutos de vuelo.

Dice el héroe, refieriéndose a sus llagada a Natal.

 

"Me recibieron clamorosamente. No me esperaban. Las escasas dimensiones del aparato les produce la sensación de lo increíble. Si esto es un mosquito! -dicen- Cuando consigo parar el motor y me lanzo a tierra, llego a sentir por España y por mí la mas honda satisfacción de mi vida".

LA NOTICIA DE LA PROEZA LLEGA A SANTANDER:

En la capital de Cantabria se han seguido ocn ilusión las distintas etapas del vuelo de Pombo hasta Bathurst, recibiéndose telegramas del aviador desde todos los finales de etapa.

En la Capilla de los Ángeles Custodios se ha celebrado un solemne tributo a Nuestra Señora de Loreto, patrona de la Aviación española, pidiendo su protección para Juan Ignacio Pombo y el feliz término de su RAID.

Al llegar a Santander, a media tarde, la noticia del éxito del piloto montañés en su travesía del Océano, se organiza una espontánea manisfestación que, entre el estruendo de bombas y cohetes, y a los acordes de alegres pasacalles, se organiza y sale de Puerto Puerto chico, precedida por la Comisión oficial, y marcha, engrosando por el camino, por el Paseo de Pereda, La Ribera, Aterazanas, y Pi y Margall, deteniéndose ante el Ayuntamiento. Desde el balcón de la Casa Consistorial, el señor Villegas, primer teniente de alcalde, dirige la palabra a la multitud enfervorecida, elogiando el valor de "nuestro paisano". Habla a continuación don José Riestra, Cónsul de México, que termina su alución con vivas a España y a Santander, que son contestados por la muchedumbre con vivas a México.

El gobernador civil, don Ignacio Campomanes da a la prensa la siguiente nota:

 

"Por la ciencia que une a los pueblos, por el honor de España, por la gloria de Santander, felicito a la hermosa tierra montañesa que vio nacer a su amado hijo Pombo, que hoy enaltece con su proeza, admirada por todo el mundo y por nadie superada"

 

EMILIO HERRERA ALONSO

Este relato esta dedicado a D. Juan Ignacio Pombo en su memoria.



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1 Administrador Desde el formulario puedes hacer el comentario que quieras referido a este artículo de La gran hazaña.
2 linpio Tenia yo 8 años cuando viví la gesta de nuestro heroe Juan Ignacio Pombo. Que orgullo sentimos los Montañeses de sabernos nacidos en la misma tierra que estos personajes ilustres. Gracias Sr. Herrera por refrescar nuestra memoria con su artículo. P. Linares
3 Mº Jose Pombo gracias por el recuerdo de esta hazaña,creo que está un poco olvidada y no vendrìa mal recordarla. Una descendiente del héroe
4 EVALDO SIMOES MUI BACANA,MUI BELO,LOS TODOS EM PARABENES.FANTASTIC HOME PAGE.SOU DE BRASIL,APAIXONADO POR AEROMODELISMO VISITO SITES DE TODO MUNDO A PROCURA DE NOVIDADES.PARABENS A TODOS,UNO ABRAÇO EVALDO SIMOES
5 Ernesto Un saludo y fuerte abrazo de todos los miembros del club aeromodelismo Campoo para Brasil y en especial para Evaldo, y desde luego para P.Linares y Mº Jose Pombo.
6 fernando me a gustado esta historia ta mu bien recordar estas cosas
7 Elsy Pombo Gracias por dedicar este relato a la memoria mi abuelo
8 Ernesto Para nosotros es un placer Elsy. Un saludo.
9 Administrador Ya estan de nuevo en funcionamiento los comentarios de los artículos, seguirán en funcionamiento hasta que aparezca de nuevo el spam, en ese caso cambiaremos el sistema de captcha definitivamente para evitarlos.
10 Jon Un gusto saber que es recordado el vuelo de mi Abuelo Juan Ignacio, gracias por dedicar este espacio en su memoria.
11 Jon se me olvido Saludos desde México !!!!




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